Santiago de Chile, 11 oct (EFE).- Durante dos meses, Catalina Pizarro fue obligada a esperar que el corazón de Clara dejara de latir dentro de ella, a pesar de que a las 12 semanas le dijeron que su embarazo no llegaría a término. Su médico obstruyó su petición de aborto por la ley de tres causales en Chile: "Se siente como si uno fuera la muerte", dijo a EFE en una entrevista.
A la niña que llevó en su vientre le detectaron en 2018 un higroma cervical bilateral e hidrops (tumores y acumulación de líquido bajo la piel), no sobreviviría, pero la patología no aparecía en la lista del intrincado reglamento para abortar.
Catalina atravesó dolor y cinco años una batalla judicial para lograr una sentencia sin precedentes: la primera indemnización por incumplimiento de las obligaciones contractuales, por casi 100 mil dólares, que abre camino a miles de otras mujeres.
El origen de la demanda civil nunca fue económico, aclaró Catalina "quería que esto no volviera a ocurrir. Esto se mete debajo de la alfombra, pero pasa en muchísimas familias".
"Pensé en el privilegio que tuve de poder pagar terapia psicológica y psiquiátrica para no destruirme: ¿Qué pasa con las mujeres que no pueden pagarlo?", dijo.
A Pizarro le indicaron reposo absoluto por "riesgo de pérdida" de un feto inviable. Se desmayaba. "Sobre pensar me hizo mucho daño", afirmó. También sintió culpa.
Ella daba clases de música y rememoró que andaba "con un poncho para que nadie se diera cuenta" de su embarazo, el segundo tras el nacimiento de su hijo que tenía 10 años en aquel momento.
Encerrada en su casa "estaba todo el día investigando", recordó, "es como estar en el borde de la locura, de verdad, te odias".
"Uno de verdad se siente como si uno fuera la muerte, tu cuerpo es la muerte", aseguró y añadió "tengo una relación, que todavía no he sanado, con mi cuerpo".
Causal para dilatar
Con el fallo, el equipo legal que la ayudó recibió llamados de otras mujeres a las que no respetaron su decisión de abortar, que en Chile se permite desde 2017 en casos de riesgo para la madre, inviabilidad fetal y violación.
"Me genera una tranquilidad de que pueden basarse en esto, acceder a la ley", afirmó.
Para la abogada Francisca Millán, del estudio AML Defensa de Mujeres que representó a Catalina, "esto demuestra que no es un hecho aislado, nada excepcional, es algo por lo que han pasado muchas mujeres".
El médico consideró que "si era de forma natural a mí me iba a afectar menos, y fue al contrario, cuando alguien las toma (decisiones) por ti, genera impotencia, genera frustración", comentó Pizarro.
Muchas veces no hay una negación directa, explicó Millán, es "más bien una dilación" que se justifica con más exámenes, pruebas, citas médicas.
"Lo pudimos demostrar (en el juicio) principalmente a través de la realización de esas gestiones y también, por supuesto, de los informes que emitieron otros médicos", detalló Millán.
Catalina, buscó otras opiniones, y en su experiencia palpó que "como todos se conocen, no son libres porque va a venir alguien a influir en la decisión. Da lo mismo lo que uno pudiera hacer, que al final entre ellos se comunicaban".
"Muchas veces opera un paternalismo donde (el médico) olvida que su función se limita al diagnóstico, la decisión recae de forma exclusiva en la paciente", acotó Millán.
Cada ecografía mostró "cómo se descomponía" la criatura y que "su corazón iba explotando de a poco, es horrible", señaló Pizarro. Cuando sucedió, le practicaron una cesárea de emergencia.
El caso reabre el debate internacional sobre las limitaciones de las leyes de aborto por causales frente a los sistemas por plazos. Ambas coinciden en que las tres causales no son suficientes.
"Nadie aborta por deporte, siempre es una decisión dura", sentenció Catalina.
Millán rescató que, al menos por ahora, la sentencia "evidencia las fallas estructurales de la normativa vigente. Da por establecido el acceso al aborto como un derecho y fija un precedente sobre las consecuencias legales de incumplir los protocolos".
Pizarro sigue adelante y la experiencia le enseñó "a tener paciencia, a escuchar y a defender mi verdad sin tener miedo".
María José Rey
(c) Agencia EFE